Freeconomy
De Wikinomia
Ricardo de Montis y Romero (1871-1941)[1] fue un periodista cordobés de gran fama en la ciudad andaluza. Trabajó toda su vida en el periodismo y pasó por múltiples periódicos, especialmente en una época donde eran los únicos medios de información disponibles para la población. Uno de los periódicos en los cuales trabajó fue en uno propio que fundó junto a otros dos socios: el periódico Cosmos[2]
Este caso es uno de los primeros casos documentados en el ámbito empresarial de transacciones económicas donde un bien, en este caso información, era entregada sin esperar nada a cambio. Los ingresos derivados de la publicidad gracias a la audiencia potencial superaban teóricamente los costes de el coste de producción, reproducción y distribución, lo que supondría un éxito rotundo.
Frente al resto de periódicos de la época, Cosmos se presentaba en la sociedad de una ciudad provinciana en torno a 1890 con un modelo de negocio revolucionario: el semanario era gratuito. Su modelo de negocio estaba basado en la financiación exclusivamente a través de publicidad. Gracias a la gratuidad del periódico y su reparto a través de puntos concurridos de Córdoba los empresarios buscaban que la audiencia del periódico creciera para que más y más lectores tuvieran la oportunidad de leer, además del contenido escrito, fijarse en la publicidad insertada en el peródico. x. Sin embargo y por razones desconocidas, la aventura empresarial no llegó a cuajar con el paso del tiempo.
En una economía basada en la información y en los bits y donde el coste de reproducción y distribución de contenidos digitales es prácticamente cero, los servicios construídos a partir de la entrega de algo de manera gratuita se han expandido debido al coste irrisorio que tiene el hacer copias y copias para audiencias cada vez mayores. Este modelo fue popularizado principalmente en el siglo XX con la llegada de la radio y de la televisión. Las cadenas propietarias de estos medios han venido ofreciendo contenido gratuito a sus usarios a cambio de tener su atención. Esta atención se traduce en audiencia que, cuanto mayor es, más potencial tiene de monetizarse a través de la venta de espacios publicitarios gracias a la audiencia que habían captado.
La llegada de Internet ha magnificado esta tendencia. Enviar un correo electrónico, hacer una búsqueda de contenido y consumir todo tipo de información es en la inmensa mayoría de los casos gratuito. Largas audiencias pueden ser generadas con unos costes de producción, reproducción y distribución extremandamente bajos, modelos como el semanario Cosmos han proliferado notablemente en Internet desde su popularización a mediados y finales de la década de los 90. Sin embargo, en una economía de la abundancia, donde la información a nuestro alrededor es abundante y no tiene los problemas de una economía basada en el principio de escasez, sí se encuentra con un bien escaso. La atención humana.
Introducido por el profesor Herbert Simon, fue la primera persona en que habló del término de economía de la atención[3] declarando que la riqueza de la información consumía un recurso escaso como la atención del propio usuario que la consume. En un mundo repleto de información de centenares de miles de fuentes, la clave de viabilidad en muchas organizaciones estriba en la capacidad de generar una comunidad de usuarios lo suficientemente amplia captando su atención gracias a los servicios ofrecidos.
Derivado de la escasez de atención existente en los usuarios, todo tipo de organizaciones bajan todo tipo de barreras de entrada para captar cuanto mayor atención de usuarios mejor, entre ellos el precio. Esta tendencia en el ámbito online ha sido descrita por Chris Anderson, editor de la revista Wired[4], acuñando el término Freeconomy para referirse a las transacciones económicas donde un bien y/o servicio se ofrece de manera gratuito o casi totalmente gratuita, beneficiándose el usuario/cliente sin tener que ofrecer nada a cambio. Anderson declaraba la existencia de seis posibles versiones diferentes de gratuidad que pueden observarse en los tiempos que estamos. freemium, publicidad, subsidios cruzados, coste marginal cero, intercambio de mano de obra y economía del regalo.[5]Por ejemplo, freemium es la contracción de dos palabras inglesas que vienen a significar (Free + Premium), esto es (Gratuito y clientes premium). Esta palabra fue creada para referirse a modelos donde los usuarios tienen servicios gratuitos y otros usuarios que, mediante el pago de dinero, reciben valor añadido sobre el mismo servicio. Si una empresa es capaz de ofrecer un servicio gratuito y promocionado a través del boca a boca, de afiliados, buscadores, blogs, etc. que permita tener una masa crítica que posteriormente permita ofrecer servicios de valor añadidos en la misma versión que los usuarios lo disfrutan de manera gratuita. Flickr, sitio de fotografías y vídeos online que contienen más de 3.000 millones de imágenes y que cuenta con millones de usuarios registrados, ofrece servicios de almacenamiento hasta un cierto nivel de manera gratuita. Sin embargo, ofrece servicios como mayor número de imágenes, tasas de transferecia ilimitadas, calidad de vídeos HD, etc. de manera totalmente gratuita. Se calcula que en torno al 3-5% de los usuarios son de pago. Es decir, que el 100% del negocio es soportado por una parte muy pequeña de los usuarios.
Pero también se dan no sólo en publicidad, con modelos similares a los de la prensa tradicional, sino también mediante lo que Anderson denomina subsidios cruzados, cuando un usuario recibe algo gratuito como consecuencia del ingreso mediante otra fuente. Por ejemplo, las empresas de comida rápida ofrecen hamburguesas o helados a un precio ridicualmente bajo. El beneficio proviene de las patatas fritas y de la bebida.
Por otra parte, cuando el coste marginal de distribución es cero, por el propio concepto de lo digital, el producto pierde todo su precio en el mercado. Los usuarios no están dispuestos a pagar por un producto que pueden obtener de manera completamente gratuita en la red. Las canciones de música no son más que bytes de información que pueden ser copiados y distribuídos sin coste, por lo que el precio de los mismos cae en picado, dinamitando los cimientos de la industria discográfica.
Otra forma de gratuidad viene derivada del intercambio de mano de obra. Por ejemplo, para tener acceso a determinado contenido, los usuarios deben escribir una serie de letras para que el sistema sepa que no es una máquina la que está intentnado acceder (es lo que se denomina un sistema Captcha[6] Estas letras corresponden a periódicos antiguos que mediante el poder de muchos, pueden acceder al sistema y permitir digitalizar partes ingentes de contenido antiguo que no es posible hacerlo mediante reconocimiento de caracteres.[7]
Por último y quizás, una de las que con más fuerza ha arraigado en la red desde sus inicios, se encuentra la economía del regalo o del don, donde una persona ofrece un trabajo/tarea de manera gratuita. Por ejemplo, muchos de los actuales programas informáticos que utilizamos, tanto en nuestros ordenadores como en los servidores web, han sido programados por personas que donaron su tiempo y conocimiento para la creación de un programa informático. Wikipedia, el mayor centro de conocimiento jamás escrito, es creado por centenares de miles de personas que ponen su talento, conocimiento y tiempo en pos de un objetivo. Su trabajo lo entregan al resto sin tener un rendimiento económico directo por haberlo hecho. Las motivaciones de los contribuidores pueden ser variadas y en función de cada uno: desde satisfacción con uno mismo, hacer lo correcto, alcanzar un objetivo o cualquier otro motivo que sea lo suficientemente poderosos como para ello[8]
Las consecuencias socioeconómicas de este tipo de modelos no son baladí. La gratuidad de servicios implica que aquello que desde su inicio ha sido gratuito no puede cobrarse, lo que alimenta la imposibilidad de generar transacciones económicas que conlleve pago y sólo en determinados supuestos se cobra. La llegada de Wikipedia por ejemplo ha hecho que el valor de las enciclopedias tipo Británica, Salvat, Espasa, se haya diluído de manera brutal en poco menos de una época. La entrega de enciclopedias con los periódicos no son más que la prueba de que su valor como fuente de información ha decaído hasta casi desaparecer su valor económico. La música es otro de los ejemplos.
La llegada de Internet ha supuesto para los usuarios, pero especialmente para los nativos digitales, crecer en un mundo donde pocas cosas tienen que ver con el pasado, especialmente en una era analógica. Cuando el coste de distribución digital es prácticamente cero y el uso y consumo de contenidos digitales es gratuito, cuando no libre, nos encontramos ante nosotros con un modelo radicalmente diferente del que hemos tenido en la era pre-digital, aunque la misma, sí ha tenido algún que otro ejemplo. Esta es la razón, la base de que nos encontamos en una economía como la digital, donde lo gratuito es y será lo común.
Referencias
- ↑ Ricardo de Montis. Entrada en Cordobapedia. Página web accedida el 19 de marzo de 2009
- ↑ Cosmos Entrada en Cordobapedia. Página web accedida el 19 de marzo de 2009
- ↑ Attention Econonmy. Enciclopedia online Wikipedia. Accedido el 19 de marzo de 2009
- ↑ Revista tecnológica estadounidense de mayor influencia a nivel mundial
- ↑ Free! Why $0.00 is the future of business Artículo de Chris Anderson en la revista Wired. 25 de febrero de 2008.
- ↑ Definición de Captcha. Wikipedia. Accedido el 23 de marzo de 2009
- ↑ http://recaptcha.net/learnmore.html Digitizing old books one at a time. Web de Recapctha.net. Accedida el 23 de marzo de 2009
- ↑ Xiaoquan (Michael) Zhang and Feng Zhu. Intrinsic Motivation of Open Content Contributors. Accesible en Internet. Accedido el 23 de marzo de 2009
